¡Inicia la aventura de Embíclate México! Día#1

Actualizado: 4 de abr de 2019

Mi “bicla” pesaba más que mi miedo

Y se había llegado el día y la hora definidos por mí mismo para empezar el proyecto más importante de mi vida.


Ya estaba todo montado en mi “bicla”, lista para salir a la aventura…hasta que por fin… me decidí a salir y dar la primera pedaleada.

El corazón me latía al máximo… pocas veces lo había sentido tan acelerado. No sabía si pesaba más mi "bicla" "Andy”, o mi miedo. La zozobra me hacía pensar incluso en echarme para atrás y decir que siempre no.

Pero ya todo estaba decidido… yo lo decidí y así lo quise. Sin embargo, tenía sentimientos encontrados. Por un lado… me costaba muchísimo trabajo dejar el paraíso en el que vivía, la comodidad de un estilo de vida resuelto, sin problemas… y más que sin problemas…con todo lo necesario para no quejarme por nada. Pensaba en todo lo bueno que iba a dejar y pensaba en los problemas que me iba a meter yo solito.


Y por otro lado, me hacía hincapié a mí mismo en todos los motivos por los que un día tomé una de las decisiones más importantes de mi vida… eso me daba un poco de aliento y motivación… pero el miedo, el miedo pesaba más que mi “bicla”.


Ya no iba a tener la rica cama donde dormía… incluso ni siquiera sabía dónde iba a dormir esa primera noche de aventura.


Después de despedirme de mis entrañables caseros, doña Ana y don Paco, me costó más trabajo tomar mi “bicla” y salir a la calle a empezar la ruta.

Mis entrañables caseros y protectores: Doña Ana y don Paco.

Me tomé 2, o 3 o 4 cafés, no recuerdo bien… pero no porque los necesitara, sino para alargar más el tiempo de la hora de partir… pero todo era inevitable… tenía que salir a la calle.


Ya estaba todo montado en mi “bicla”, lista para salir a la aventura…hasta que por fin… me decidí a salir y dar la primera pedaleada. Enfilé desde León hacia mi primer destino… Silao, Guanajuato, a donde llegaría solo a comprar algunos últimos accesorios para mi “bicla”.

Del miedo, los nervios, la nostalgia y la emoción, me olvidé de tomar fotos y videos de mis primeras pedaleadas.


El primer kilómetro fue el más pesado de toda mi vida… aún tenía ese sentimiento de quererme arrepentir y volver el tiempo atrás… me preguntaba ¿en qué te has metido?, pero poco a poco… conforme el sol iniciaba a calentarme las ideas y el corazón, y el aire a refrescarme la frente sudorosa, empecé a disfrutar ese sentimiento de libertad y aventura que un día me hizo tomar la decisión de dejarlo todo y salir a recorrer México en bicicleta.


Sin embargo, mi “bicla” seguía pesando una enormidad. En las 4 alforjas y en los portabultos traía más peso del que podía soportar “Andy” y mis piernas. Casi llegando a las faldas del Cerro del Cubilete, me detuve a hacer una primera de varias revisiones de lo que traía cargando. Tuve que hacer una rigurosa revisión y tomar la dura decisión de tener que dejar algo en el camino.

Para mi todo era necesario…era importante y era prioritario… pero tenía que ser mucho más riguroso y selectivo con lo que llevaba.

En esa primera revisión decidí dejar una cobija, un pantalón casual, un sartén, un par de playeras y un cinturón… de esos para dominguear. Al primer paseante que vi por el camino se los regalé… el hombre se fue feliz y yo me sentí un poco más aliviado… pero aún así mi “bicla” pesaba una enormidad.

La novatez me estaba cobrando factura… una cara factura que sabía que tenía que pagar… pero lo tenía que resolver pronto. De otra manera, no iba a llegar ni al siguiente estado a donde tenía pensado seguir la ruta.

Luego de revisar algunas cosas en Silao, me enfilé hacia la primera capital que visitaría: Guanajuato.

Mi plan de “vuelo” era llegar a Guanajuato y de ahí tomar a San Miguel de Allende… calculando que yo podía recorrer 80 kilómetros de un jalón… pero nunca consideré los casi 100 kilos… o más… que traía en la “bicla”.


El tiempo estimado para llegar a Guanajuato capital era de 2 horas… máximo… yo llevaba 4 y apenas iba a la mitad del camino…

Segunda parada para hacer una siguiente exhaustiva revisión de la carga… y en este punto le tocó quedarse a la lona en donde llevaba impreso el juego de Embíclate México, una lona de cerca de 30 kilos de peso se tuvo que quedar en un arroyo a un lado de la carretera.


A partir de ahí el alivio fue bastante significativo y pude respirar confiado de que no todo estaba perdido. Eso me ayudó a acelerar el paso y llegar pronto a comer a Guanajuato capital… ¡mi primera capital en visitar en mi proyecto Embíclate México!. Pero me tuve que olvidar de mi ilusorio plan de llegar ese mismo día hasta San Miguel de Allende.


Para entonces eran ya casi las 6 de la tarde y a mi primer día de aventura le quedaba poco tiempo de luz natural, así que empecé a buscar dónde pasar la noche. Decidí buscar una estación de bomberos y encontré el SIMUB (Sistema Municipal de Bomberos).


Como pude… más cansado mental que físicamente, llegué a donde estaba de guardia el capitán Luis Hernández, quien no dudó en ofrecerme la estación para instalar mi casa de campaña y un restaurador café.


Luego de armar la carpa donde pasaría mi primera noche de embiclado, cené acompañado del capitán Hernández y platicamos un rato, mientras llegaban el resto de los heróicos tragafuegos guanajuatenses, quienes me brindaron además de un lugar seguro, alimento y amistad, una gran lección de vida, pasión y servicio.

A partir de ahí…el resto de la noche fue descansar, analizar y aprender la primera dura lección para mi novatez.

Buenas noches, ¡¡¡desde mi primera capital!!!



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