Tuve que pasar la zona más peligrosa Día#4

Después de visitar la “La Puerta de Oro del Bajío”, y de disfrutar de las atenciones de Roberto Méndez, en su tienda de bicicletas Bike Solution’s, me dirigí hacia mi segunda capital por visitar: Querétaro.


Pero al salir de Celaya iba muerto de miedo porque algunos amigos, preocupados por mi, me recomendaban no circular por la carretera libre, y otros que no circulara por la carretera de cuota… total que, mejor me recomendaban tomara un camión.


Me contaron historia de asaltos a ciclistas y cicloturistas por todas las vías de acceso a la capital queretana. No es que quisiera ser necio, ni soberbio, ni altanero, pero me lancé a pedalear por la carretera de cuota Celaya-Querétaro.

Como mis amigos de Bike Solution’s le dieron un poco de mantenimiento a mi bicla “Andy”, se me hizo tarde, pues el reloj marcaba ya las 2 de la tarde y yo apenas iba saliendo de Celaya.


Me enfilé hacia los 50 kilómetros de carretera que me esperaban por pedalear, con el Sol a cuestas, pero con la ilusión de llegar a mi segunda capital, de las 32 que planeo visitar, y de encontrarme con familiares y amigos de esa linda tierra queretana.


Carretera Celaya-Querétaro. Día#4. Embíclate México

Me olvidé un poco de las advertencias de peligro y empecé a disfrutar la ruta plana que me sacaba de Celaya y me llevaba por un camino lleno de tráiler, camiones y vehículos a alta velocidad, por mi lado izquierdo, y de negocios con los dulces típicos de la región y la tradicional y mundialmente conocida cajeta celayense, por mi lado derecho.


No pude resistir la tentación y me detuve a comprar un frasquito de cajeta, para darme una inyección de calorías y energía. No podía pasar sin probarla.

Pasando la población de Apaseo el Grande, y cuando me faltaban tan solo 20 kilómetros para llegar, y a pesar de que en Bike Solution’s le habían inyectado líquido sellador a las llantas para evitar ponchaduras, un fierra delgado como un clavo se incrustó en la llanta trasera de mi bicla, casi atravesándola de lado a lado.


Entonces ahí sí sentí mucho miedo… pues recordé inmediatamente las advertencias de peligro de mis contactos y amigos… Tenía que cambiar la cámara de la llanta lo más pronto posible… a pesar del cansancio, del Sol y de la incomodidad del lugar, pues por el acotamiento de la carretera de cuota no había un arbolito ni un lugar seguro para hacer la maniobra.

Con la adrenalina a tope y el nerviosismo al máximo, me dispuse a desmontar mis alforjas, a sacar la llanta y a cambiar la cámara perforada.


En cuanto terminé, volví a armar mis alforjas y todo el equipaje y seguí mi ruta. Alrededor de las 6 de la tarde llegué a la caseta de cobro con la esperanza de que no me fueran a cobrar cuota. Pero afortunadamente me dejaron pasar sin problema. Y listo… ¡Ya estaba en mi segunda capital!


Cuando creí, feliz y aliviado, que pronto estaría saludando a mi primo Juan Antonio y su familia, el googlemaps me dice que aun me falta ¡20 kilómetros para llegar a mi destino final!

El lugar donde amablemente me recibirían mis primos y sobrinas es un verdadero paraíso, pero para llegar a él se requiere subir el famoso cerro que alberga el Parque Nacional del Cimatario.

Ubicado hacia el sur de la ciudad, entre los municipios de Huimilpan y Querétaro, se encuentra este majestuoso sitio, anteriormente un volcán activo, que se convirtió en área protegida por decreto, el día 7 de julio de 1982, por ser una porción de territorio representativa de diversos ecosistemas, poseer una gran riqueza biológica e histórica y ser un sitio que produce beneficios ambientales a la región central del país y principalmente a toda el área metropolitana de la ciudad de Querétaro.


En la actualidad es administrado por el Gobierno del Estado de Querétaro, con una plantilla de aproximadamente 15 personas, integrada por un coordinador, un ingeniero forestal, guías, un conductor, una veterinaria, asistentes y personal de vigilancia.


Después de subir aproximadamente unos pesadísimo 10 kilómetros durante casi 3 horas, y ya de noche, llegué por fin a la casa de mis anfitriones, quienes me regalaron 3 increíbles días de descanso y convivencia entre naturaleza, aire fresco, un temazcal, una vista increíble hacia el valle queretano que regala los mejores amaneceres que haya visto hasta el momento.


Lo único que no me está gustando de ser cicloturista, es que pronto me tengo que despedir de personas maravillosas que me han brindado todo su amor, su apoyo y solidaridad… pero será algo a lo que también me tendré que acostumbrar.

¡Gracias familia!… espero un día poder retribuir, de alguna manera. #Día4 #embiclatemexico #obesidadinfantil #Celaya #Queretaro #cicloviajero





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